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«Donde habita la memoria» |El cuerpo: un hogar que resguarda la memoria

El Cuerpo como Casa Interior

En «Donde habita la memoria», el cuerpo se presenta como una casa interior: un espacio íntimo donde el corazón guarda recuerdos, afectos y silencios que siguen vivos. No se trata solo de un cuerpo anatómico, sino de un cuerpo-hogar, un lugar simbólico donde la memoria se anida y se transmite como un legado sensible.

 La piel se convierte en un mapa. En ella se inscriben caminos, capas y huellas que nos llevan hacia la niña que aún vive dentro de nosotras: una figura persistente que regresa, que cruza umbrales, que se acerca a la casa como quien vuelve a un origen que nunca se ha dejado del todo atrás. Este gesto de retorno no es nostálgico; es una forma de reconocimiento.

El corazon como relicario

El corazón bordado —centro vital y símbolo recurrente— late como un relicario de experiencias. En él se concentran las emociones, las pérdidas y los afectos que no se desvanecen con el tiempo. Sus texturas evocan paisajes emocionales, habitaciones secretas donde lo vivido se resguarda y, al mismo tiempo, se transforma. Bordar el corazón es también un acto de cuidado: puntada a puntada, la memoria se repara y se sostiene.

Imágenes de la memoria

Las imágenes nos llevan a un espacio donde la memoria florece, arde o se abre paso entre capas de silencio. Una niña que regresa a la casa, flores que emergen desde la piel, un fuego que purifica sin destruir: cada obra abre una puerta hacia un territorio íntimo que, aunque invisible, sostiene lo que somos. La casa no es solo arquitectura; es cuerpo, recuerdo y latido.

El verdadero hogar

«Donde habita la memoria» nos recuerda que el verdadero hogar no siempre se encuentra en los muros que habitamos, sino en ese pulso profundo donde se guardan nuestra historia, nuestras heridas y nuestros sueños. Allí, en ese lugar sensible, la memoria no se estanca: respira, se mueve y nos nombra.

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Presencias | Trabajo doméstico, memoria y cuerpo

En la casa, en medio de nuestra rutina diaria, la mujer se transforma en un espectro laborioso, una presencia que habita y da vida al espacio sin que siempre se le reconozca. Su trabajo, ese tejido invisible de cuidados, orden y alimento, define el hogar, pero raramente se valora más allá de sus cuatro paredes. En esta serie, la imagen femenina se entrelaza con el velo de lo cotidiano. Detrás de puertas y cortinas, su figura se desvanece, como si fuera parte del mobiliario, del aire, de una memoria que a veces no encuentra un lugar en la historia.

El fondo de croquis y mapas urbanos abre un diálogo con la ciudad. Ese otro espacio donde las mujeres han estado tradicionalmente relegadas a los márgenes, restringidas a lo íntimo y lo doméstico. Así, estas imágenes ponen de manifiesto la tensión entre lo privado y lo público, entre el hogar y la calle, entre el adentro que protege y el afuera que a menudo ignora. La mujer es presencia y ausencia al mismo tiempo, un cuerpo que sostiene la vida cotidiana sin que su labor sea reconocida como tal.

Las tramas que cubren su figura no son solo elementos decorativos, sino también barreras simbólicas. Nos recuerdan que el hogar, aunque sea un refugio, puede volverse una jaula. Que el trabajo doméstico, aunque esencial, sigue siendo un espacio de opresión cuando se da por sentado y no se valora. En Presencias, la mujer persiste, enmarca su existencia en la geografía de su hogar, pero también exige ser vista, reconocida e incluida en la cartografía de lo que realmente importa.

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Zona Común | Metáforas visuales del tránsito, el origen y el deseo de pertenencia

En Zona Común, una casa modesta emerge en el centro de una escena imposible: se posa sobre un extenso y ondulado tapiz de flores rosadas del árbol de pomarrosa, recogidas y fotografiadas como materia viva, como memoria vegetal. El entorno no es un paisaje tradicional, sino una construcción afectiva que invoca el recuerdo del origen desde el exilio, desde la distancia emocional o geográfica que produce la migración.

Esta casa, construida en ladrillo y sostenida por un techo de zinc, podría ser cualquier casa de periferia, de campo. Su presencia austera, sin ornamentos, revela una estética del habitar cotidiano, pero al mismo tiempo, su emplazamiento sobre ese suelo floral la sitúa en un plano de irrealidad: no está ubicada en un territorio físico reconocible, sino en uno simbólico, emocional, subjetivo, la casa que todos hemos tenido, no necesariamente una casa concreta, sino un espacio simbólico que llevamos dentro: el origen, la raíz, el primer refugio.

Las flores rosadas, repetidas y reconfiguradas en una composición casi textil, evocan lo efímero y lo bello que se pierde al caer. Son los restos de una estación, los rastros de un árbol que floreció y dejó su huella sobre el suelo. En este gesto de recoger y reordenar esas flores en torno a la casa, se produce un acto de resistencia y reconstrucción de la memoria: un intento de coser el pasado con el presente, de volver a mirar el lugar del que se parte, con la conciencia de que ya nunca será el mismo.

Zona Común se presenta, así como una metáfora visual del origen, no como lugar fijo, sino como estado afectivo, como necesidad profunda de reencuentro con lo que fuimos. La casa, suspendida en el centro, no camina ni se disuelve: permanece, como núcleo de una identidad migrante que se pregunta dónde habitar ahora.

Esta obra abre la serie Zona Común, una trilogía que aborda la migración desde lo íntimo, lo corporal y lo simbólico. Aquí, el territorio no se mide en coordenadas, sino en deseos, recuerdos y fragmentos de un hogar que se lleva por dentro. Es en este tejido de memoria donde se construye lo común: ese suelo compartido de quienes migran, sueña con volver, o reconstruyen su origen desde el lugar donde ahora están.

Fotocomposición de una casa sobre un tapiz floral, metáfora y origen en la memoria migrante
Zona Común

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«Re-incidencias»

Re-incidencia aborda la presencia permanente de las personas en los lugares que recorren cada día, ese ir y venir constante en ambos sentidos que se convierte en un símbolo de interconexión. Desde la mirada cotidiana, estos desplazamientos propician encuentros e intercambios entre quienes transitan el espacio.

El espectador es uno más dentro de esta dinámica, donde el aislamiento y la inmovilidad, tanto física como mental, parecen no tener lugar. Los recorridos aparentan un laberinto que conduce nuevamente al punto de partida. Estos cruces y desplazamientos de quienes transitan la ciudad se convierten en un vehículo de encuentro y comunicación. A partir de este movimiento, la imagen construye una estructura fractal que expande espacios dentro del mismo espacio y que, a través de su ordenamiento, nos conecta y nos separa.

Re-incidencias

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!Hola que bueno que estés aquí!. Te invito a explorar mi Blog, ingresa al menú  y podrás ver  catálogos, textos, publicaciones en  prensa y una galería de fotos, todo sobre mi trabajo. 

Composiciones en fotomontaje

Componer utilizando el  fotomontaje incluye varios tipos de técnicas de edición, en las que diferentes fotografías se combinan para crear una sola imagen. “Raíces del aire” es uno de los proyectos donde utilice más de cinco fotografías en cada imagen. Durante el desarrollo de mi proceso artístico, la fotografía ha sido la herramienta de trabajo y con ella la técnica del fotomontaje, técnica que cobra protagonismo en mi proceso creativo.

Como artista visual crear una obra a partir de varias fotografías me llamó mucho la atención, porque el trabajo a desarrollar se convierte en un espacio de experimentación, ese espacio, donde se van combinando imágenes, mirando las posibilidades de expresión y exploración que pueda tener cada fotografía. Busco al final, que la imagen logre sorprenderme eso es lo que quiero alcanzar Esta técnica del fotomontaje puede ser en el laboratorio positivando uno o más negativos o mediante tecnología digital, en mi caso la realizo totalmente digital. Todo este procedimiento lo permite las herramientas digitales, el fotomontaje hace evidente cómo la fotografía es susceptible para ser manipulada para organizar y reorganizar una realidad.

En la historia de la fotografía encontramos que la manipulación de este medio es tan antigua como la fotografía misma. En el siglo XIX, recortar y pegar varias imágenes solía ser un pasatiempo popular para realizar postales, álbumes y recuerdos de la guerra.

En esa época, dentro del contexto de las artes, estas prácticas también se aplicaron mediante diferentes métodos, como el collage y la combinación de imágenes. Con la ayuda de la pintura se subsanaban los defectos y limitaciones propios de estos procedimientos. Posteriormente, estas posibilidades de intervención también fueron exploradas por los fotógrafos vinculados al Pictorialismo, movimiento que buscó ampliar las posibilidades expresivas y artísticas de la fotografía.

Sin embargo, en el fotomontaje clásico no importaba que se notaran los recortes, las uniones o la integración visual entre los diversos elementos que componían la imagen. Hacer evidente esa construcción también formaba parte de la intención.

En el arte, el fotomontaje puede definirse como una composición fotográfica en la que se utilizan imágenes con una intención artística. El artista concibe, idea y crea desde su propio sentir, haciendo de esta técnica una herramienta para construir mundos surrealistas y crear otras realidades.

En la actualidad encontramos muchos referentes artísticos que emplean esta técnica y que la exploran de manera experimental, desarrollando sus propios métodos y formas de trabajo. Entre ellos se encuentran artistas como Pedro Meyer y Sean Hillen, quienes han obtenido resultados fascinantes a partir de las posibilidades del fotomontaje.

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«Sostenida»

Sostenida parte de registros fotográficos de tendederos en zonas urbanas y rurales. Espacios que suelen ser privados, testigos mudos de la vida doméstica, se hacen visibles en la intemperie y cobran un protagonismo inesperado. Colgar la ropa, acción repetida cada día, revela un lenguaje plástico y estético en el que la vida cotidiana se hace paisaje. La ropa guarda en sus pliegues el tiempo de quienes la habitan, convirtiéndose en memoria suspendida.

En la obra, los tendederos se enlazan en una misma cuerda que se prolonga indefinidamente, configurando una línea que oscila entre lo íntimo y lo colectivo. Esa línea, a la vez horizonte e hilo conductor, cuestiona los límites territoriales tradicionales y se abre como metáfora de conexión, tránsito y globalización.

La intervención digital en las fotografías refuerza esta experiencia, trasladando la mirada del espectador hacia la sencillez de lo rutinario, pero también hacia una reflexión sobre cómo los gestos más cotidianos revelan la poética y la fragilidad de nuestra vida diaria.

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Catálogo  «Exposición Femina 2024» Gallerium, Canada.

Catálogo  «Exposición Femina 2023» Gallerium, Canada.

Catálogo  «45 años Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá. Pág.157

Catálogo de la exposición «Antes Durante y Después del Fin» Proyecto S.A. realizada en  2012 en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá.

Catálogo de la exposición Proyecto S.A. realizada en agosto de 2011 en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá.

DONES X DONES 1 -30 de Marzo 2012 :: Centre Cívic Barceloneta. BCN  

 «Década <Proyecto> Tesis» realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, agosto – septiembre de 2013.  

Fotografía Contemporánea MAC Bogotá

40 Salón Nacional _XI Salones Regionales de Artistas

XII Salones Regionales de Artistas

Exposición «Tesis»  Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, septiembre 2005.

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