La serie se nutre de registros fotográficos del paisaje urbano en sus espacios más cotidianos: la calle, la cafetería, el centro comercial. Allí, los gestos simples de los cuerpos en reposo revelan un lenguaje silencioso que comunica pertenencias, hábitos y modos de habitar la ciudad. Al fragmentar y trasladar esas imágenes a un mismo plano, la obra señala cómo lo individual se inserta en una trama colectiva.
El recurso de las baldosas, dispuesto como un territorio común, funciona como eje articulador: superficie compartida donde convergen las diferencias y se hacen visibles los vínculos invisibles que sostienen la vida urbana. En este diálogo entre lo corporal, lo cotidiano y lo simbólico, la obra evoca la persistencia de gestos que, aun frente al avance modernista y tecnológico, siguen conectados con la dimensión más esencial del ser.