Esta serie nace de la idea de la ciudad como un lugar seguro. Para quienes llegan de otros territorios —el campo, los pueblos, las orillas—, la ciudad aparece como promesa, como horizonte de oportunidades y protección. Sin embargo, esa construcción mental suele convertirse en ilusión: un espejismo que proyecta seguridad donde tal vez no la hay.
Así, lo urbano se levanta como fantasía colectiva, un entramado de deseos y expectativas que, al sumarse, configuran una ciudad imaginada más que vivida. En ocasiones, el lugar que se abandona resulta ser más habitable y seguro que la ciudad que se sueña.
«Cada hombre lleva en la mente una ciudad hecha sólo de diferencias, una ciudad sin figuras ni formas, que las ciudades concretas terminan por llenar. No tiene sentido dividirlas en felices o infelices, sino en dos: aquellas que, a través de los años y mutaciones, siguen dando forma a los deseos, y aquellas en las que los deseos logran borrar la ciudad o son borrados por ella. Las ciudades, como los sueños, están hechas de deseos y de miedos».
— Ítalo Calvino, Ciudades invisibles
Ciudades invisibles de Ítalo Calvino.