Las palomas, habitantes inseparables de la ciudad, generan un ritmo constante en sus desplazamientos, posándose una y otra vez sobre las cuerdas eléctricas. En Con-Clave, este gesto cotidiano se convierte en partitura: cada ave traza una nota sobre los hilos de la urbe, componiendo una música silenciosa.
Frente al bullicio y la velocidad de la ciudad, las palomas proponen otra cadencia: una pausa que revela la calma escondida en lo cotidiano. Así, lo que muchas veces se percibe como presencia molesta se transforma en signo de permanencia, en un coro urbano que entona sin sonido, pero con memoria.