Intervalos Breves I, II y III
En Intervalos Breves se despliegan escenas mínimas donde personajes diminutos habitan paisajes desmesurados, enfrentando territorios y situaciones que los superan en escala y en fuerza. Cada obra se convierte en un relato condensado, un fragmento de tiempo suspendido que oscila entre lo cotidiano y lo onírico.
En Intervalos Breves I, las figuras caminan sobre superficies ambiguas —agua, reflejo, arena o vacío— que evocan el tránsito, la incertidumbre y la fragilidad de cada paso.A veces caminan en soledad, a veces en compañía, enfrentando juntos el horizonte como un territorio incierto.
En Intervalos Breves II, la casa se alza como un símbolo vertical, monumental e inalcanzable, donde el ascenso se convierte en metáfora de deseo, esfuerzo y pertenencia.
En Intervalos Breves III, los personajes se enfrentan a suelos fracturados y escenarios de sequía, donde el contraste entre la pequeñez de la figura y la vastedad de la superficie subraya la tensión entre vulnerabilidad y resistencia.
Las piezas sugieren un espacio intermedio entre la memoria y la imaginación, entre la intimidad de lo personal y la vastedad de lo colectivo. En ellas, lo desproporcionado no es un recurso estético aislado, sino un lenguaje que interpela al espectador: la desmesura del mundo frente a la escala humana.
Intervalos Breves invita a mirar de cerca lo pequeño, a reconocer en esas figuras mínimas la experiencia compartida de enfrentarse a lo imposible, de cargar con lo cotidiano y de sostener, en silencio, la memoria de los propios intervalos.