«Tienda de barrio»

La noción de los imaginarios surge de la producción de imágenes visibles y abstractas que condensan las representaciones sociales ligadas a un espacio determinado. La tienda de barrio es uno de esos lugares. A partir de estas representaciones cotidianas, inscritas en el entorno urbano, emergen imágenes mentales que, al compartirse, se transforman en memoria colectiva.

Estas representaciones socio-culturales y simbólicas pueden ser individuales o comunitarias, y nacen del uso y la apropiación cotidiana de estos espacios. La tienda hace parte de la vida diaria en muchas regiones y se ha consolidado como un lugar urbano fundamental. Desde la época colonial ha funcionado como punto de venta y canal de distribución, pero también como espacio cultural, donde se refleja la identidad de quienes interactúan y donde se tejen relaciones que perduran en el tiempo.

Las construcciones mentales que se han forjado en la relación tendero-consumidor, consumidor-tienda y tendero-tienda, han otorgado sentido cultural a este espacio, convirtiéndolo en un símbolo urbano. Ese trasfondo social y cultural fue el punto de partida para desarrollar las obras. El trabajo de campo y los registros realizados revelaron distintos retratos de lo que representa la tienda en la vida de una comunidad.

La tridimensionalidad de cada pieza recrea la ubicación tradicional de estos negocios: la esquina, las dos fachadas en primer plano, las dos entradas. Un espacio cúbico que encapsula el tiempo y persiste.

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